El Periódico U.S.A.

Santa María del Río en Prestigiado Medio de la Unión Americana
De suerte encontramos una importante nota en éste medio informativo de los Estados Unidos, escrito por la reportera Nohemì Lamela quien de acuerdo al texto visitó nuestra patria chica, por la importancia de esta nota, nos permitimos transcribirla totalmente para así darnos cuenta y agradecemos a esta señorita la difusión que hace a nuestras artesanías.
ARTESANOS REBOCEROS DE SANTA MARIA DEL RIO :
MERECIDO PREMIO NACIONAL DE ARTES Y TRADICIONES POPULARES
Primera parte.
Situado a 48 Km al sur de la ciudad de San Luis, y enclavado entre cerros, Santa María del Río es famoso por sus rebozos y sus artesanías entre las que destacan las cajas y muebles taraceados, la cestería de vara y los objetos de ixtle.
"Taracea" es un vocablo de origen árabe que significa "embutido hecho con pedazos de madera en sus colores naturales, o de madera teñida, concha nácar y otras materias", técnica más conocida habitualmente en otros lados como "marquetería." El arte de la taracea fue traído por los artesanos andaluces y hacia finales del siglo XVIII se comenzó a trabajar en Santa María del Río, encontrando su propio estilo. Así nacieron en este lugar las cajas llamadas "reboceras", porque tienen el tamaño adecuado para guardar un rebozo, debidamente doblado. También se elaboran muebles como cajoneras, cómodas, roperos, mesas, arcones, y las tradicionales "cajas de novia."
No puede dejar de mencionarse, además, ya como parte de la tradición de este lugar, las famosas campechanas, cuyo proceso de elaboración puede observarse en la antigua panadería situada a un lado de la plaza. Son piezas de pan crujiente elaboradas con harina, agua, sal y azúcar. Después de bolear, enrollar, cortar y extender la masa las charolas repletas de campechanas, van al horno, y más de 6 mil 400 piezas al día, con un exquisito sabor artesanal, son enviadas a San Luis Potosí, Aguascalientes y Querétaro.
Santa María del Río fue fundado alrededor 1542 por indígenas tlaxcaltecas, guachichiles y otomíes, estos últimos reconocidos como espléndidos tejedores.
Y probablemente por ello, desde la época de la Colonia, este lugar se ha destacado por la elaboración de rebozos de singular belleza, que eran utilizados, según las crónicas, por todos los habitantes de la Nueva España.
Tal tradición se ha mantenido vigente, aunque para ello en la segunda mitad del Siglo XX se ha necesitado del apoyo institucional para proteger este legado cultural.
Cuando se visita este pintoresco pueblo potosino, al llegar a la plaza principal, llaman inmediatamente la atención las antiguas y hermosas casonas con sobrios portones de madera, que la rodean, la iglesia parroquial, que data del siglo XVIII y el ex convento Franciscano.
Una de esas casas alberga a la Escuela-Taller del Rebozo, que tuvimos el placer de visitar y donde pudimos observar cómo se elabora esta típica prenda que le ha dado tanto renombre a Santa María del Río.
Fundado en 1953 este taller- escuela es fuente de empleo y de orgullo de más de cuarenta artesanos (tejedores y empuntadores) que con su creatividad y profesionalismo le han dado fama nacional e internacional a los rebozos que allí se elaboran, además de capacitar a sus discípulos en la más estricta y exigente tradición.
En el 2002, este taller-escuela ganó el Premio Nacional de Artes y Tradiciones Populares. ...
Segunda parte.
McAllen.- Parte de la tradición mexicana, símbolo de mestizaje cultural indígena y español y prenda de uso cotidiano aun en varios estados del país, el rebozo contiene, cubre, abriga y embellece.
Aunque se la considere mexicana, el origen de esta prenda es oriental. Los sacerdotes de la Persia antigua acostumbraban a cubrirse con una especie de manta o "xal", palabra que en castellano se convirtió en chal. Cuando llegaron los conquistadores a México, esta prenda ya formaba parte del atuendo de las españolas, pero pronto en México se convirtió en rebozo, que viene de la palabra "arrebozarse", o sea "cubrirse el rostro con una capa o manto."
Con el tiempo, se redujo en tamaño y se volvió angosto y largo, como se lo conoce actualmente.
Además, en las diferentes regiones del país se crearon estilos propios utilizando colores y diseños particulares.
Sin embargo, los rebozos más conocidos y tradicionales son los potosinos, especificamente los de Santa María del Río, que se fabrican en variados materiales, tales como algodón, artisela, que es una fibra artificial que se hace con plástico y residuos de madera, y el de seda, muchísimo más fino y suave, tanto que se puede pasar a través de un anillo.
CREATIVIDAD Y PROFESIONALISMO EN LA ESCUELA-TALLER DEL REBOZO
Como explicamos en ediciones anteriores, recorrer San Luis Potosí por invitación del Consulado de México en McAllen y la Secretaría de Turismo de SLP, nos ha permitido adentrarnos una vez más en la cultura mexicana y reafirmar que en México la creatividad no tiene límites.
Así, las manos de los experimentados artesanos que vimos trabajando en la escuela-taller del rebozo, dan vida a cada una de las prendas que van creando, haciendo uso de sus conocimientos y su imaginación, de modo que cada rebozo es único y prácticamente irreproducible.
Más de cuarenta artesanos (tejedores y empuntadores) se encargan no sólo de producir verdaderas obras de arte, sino también de capacitar a los discípulos para mantener viva esta tradición de más de 200 años.
Don Cecilio Duarte Sánchez, quien tiene más de 50 años en este oficio y amablemente nos guió por la escuela, nos hizo saber que la elaboración de un rebozo se lleva de 30 a 60 días y abarca 15 fases, incluyendo el devanado en la rueca, donde se colocan las madejas para formar los ovillos; el teñido, donde antes de sumergir en el colorante el hilo que se va a usar, se amarra por tramos para que estas partes del material no se impregnen del tinte y conserven el color original de la fibra, y el urdido, que consiste en preparar los hilos según el tamaño que tendrá la prenda.
Una vez terminado el proceso de tejido, que se realiza en un telar de cintura, le corresponde a la empuntadora darle el acabado final, que consiste en anudar y entrelazar los flecos que quedan en los dos lados angostos del rebozo. A esta parte de la prenda se le llama rapacejo.
En nuestro recorrido tuvimos la oportunidad de observar el maravilloso trabajo de acabado que estaba realizando la Sra. Mónica Cruz, quien no sólo lleva muchos años realizando esta tarea, sino que también ha viajado a China para perfeccionar su técnica. Nos explicó que le lleva más o menos 15 días hacer las dos puntas del rebozo.
FANTASTICA MUESTRA DE GRACIA Y COLOR
Observar los coloridos rebozos terminados y en exhibición, asombra, pero asistir al magnífico desfile que nos ofrecieron en la plaza central, colmó todas nuestras expectativas. Tres espléndidas modelos, Karen, Lupita y Casandra, en un despliegue de gracia y habilidad, se encargaron de mostrarnos no solamente las múltiples formas en que puede lucirse esta prenda, sino también los pasos para llevar a cabo la tan asombrosa transformación.
De modo, que al llegar a la plaza ese soleado domingo aun nos faltaba aprender que un rebozo puede convertirse en dos o tres estilos de blusa, de bufanda, de estola, de diadema, de cinturón, transformándose en una pieza del vestir diario y en un accesorio único.
El alma que cada artesano pone en la elaboración de un rebozo, se refleja en el orgullo con que estas jovencitas mexicanas lo lucen, lo muestran y lo convierten en símbolo de su ciudad.
Fuente:http://www.elperiodicousa.com/news.php?nid=3436
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